A n á l i s i s   T r a n s a c c i o n a l

Análisis Transaccional (AT), encuadrado dentro de la psicología humanista, es una teoría psicológica para comprender la personalidad humana y las relaciones con los demás, las decisiones tempranas que tomamos en nuestra vida, el por qué de ciertos sentimientos, formas de pensar.

Fue propuesto por Eric Berne (1910-1970), psiquiatra y psicoterapeuta estadounidense, a partir de los años 1950 en Estados Unidos.


Estructura de la Personalidad 

Podemos darnos cuenta que a veces vivimos varias personalidades alternativamente, y a esas personalidades el A.T. le llamó Estados del Yo, Padre, Adulto y Niño. 

Estados del Yo

A través de su teoría de los Estados del yo podemos comprender mejor las relaciones sociales y los conflictos que surgen entre ellas. 

Cuando nos expresamos lo hacemos desde uno de estos tres patrones de conducta o estados del yo: Padre (P), Adulto (A) o Niño (N). 

Es útil conocer cada uno de ellos, saber desde cuál estado estamos actuando y así saber si estamos utilizando el adecuado para la situación.

Estos estados del Yo se manifiestan a través de conductas muy parecidas a las de un padre, un adulto o un niño, por esta razón Berne los denominó P adre - A dulto - N iño.

Cada persona, independientemente de su edad (a partir de los 5-7 años), puede tener comportamientos Padre, Adulto o Niño.

E l  P a d r e  /  M a d r e  (P)

Se llama Estado Padre o Madre porque las actitudes, sentimientos y pautas de conducta se asemejan a los de una figura parental. 

Es la parte de nuestra personalidad regida por el principio del deber. Aquí están las costumbres, la moral, las obligaciones, los condicionamientos... se fijan las normas, y en muchísimos casos está desactualizado, se mantiene más anclado en sus ideas,

Funciona como una grabación que se hizo en su momento y sigue repitiendo siempre lo mismo mientras no se vuelva a hacer una nueva grabación encima.

Se formó a partir de la información que adquirimos al ver cómo se comportaban nuestros padres o educadores. 

E l   A d u l t o  (A)

Es la parte racional; el que piensa, el que se da cuenta de las cosas y sabe lo que conviene hacer. Razona, analiza, calcula probabilidades, usa la lógica, da y pide información y, por lo menos aparentemente, no tiene emociones, sino que es práctico.

El Adulto es sereno, calmado, actúa desde el aquí y ahora. Sabe lo que conviene hacer. No le gusta predominar, y sí colaborar. No responsabiliza a los demás de sus problemas. Sabe decir NO. Tiene libertad de opción y cambio. No se implica emocionalmente en las decisiones que toma.

Si el Adulto actualiza sus informaciones, sus respuestas serán acertadas.

Los estados de Padre y Niño, son estáticos, pero el Adulto puede actualizar ambos, y eso es conveniente. Permite la intervención adecuada de los estados Padre y Niño. 

E l    N i ñ o   (N)

El estado Niño queda fijado en la primera infancia. Contiene todo lo emocional.

Es el que hace en cada momento lo que le apetece o le gusta. Lo suyo es la intuición, la parte mágica y creativa. Es ingenuo y natural. Dice cuando algo le gusta y lo que le disgusta. Goza, sufre, siente. Busca cariño y aceptación. Fantasea y sueña. Es alegre, entusiasta y vivaz. 

Dispone de una gran fuerza interior.

EN QUÉ ESTADO DEL YO ME ENCUENTRO

Es bueno distinguir cada uno de los estados, de ese modo si uno se sorprende utilizando el inadecuado para el momento, lo puede cambiar. 

En general, si uno está en el trabajo puede ser Adulto o Padre, pero no Niño (salvo que trabaje de payaso o animador infantil); si uno está jugando no debe ser Adulto, y aún menos ser Padre, porque no le acompañaría en su juego; si uno tiene que tomar una decisión importante, es mejor que sea el Adulto quien se encargue, y no el Padre ni el Niño.

Para que la comunicación con las demás personas prospere de un modo adecuado, conviene que nos pongamos en el mismo nivel desde el que nos están hablando.

Si me están dando una información importante en el trabajo, no conviene que sea Niño y me comporte como tal; si estoy jugando con un niño pequeño no es conveniente que lo haga desde el Padre o el Adulto, porque ninguno de ellos sabe jugar; si estoy en un velatorio es adecuado que sea Adulto, pero no Niño.

Los errores y conflictos en la comunicación se provocan al hablar desde distintos estados del yo. 

Para que las relaciones con los demás, y con nosotros mismos, se desarrollen del modo adecuado, conviene tener en cuenta en qué estado del yo nos encontramos, cómo debemos usarlo, cuándo, y con quién.

Debes estar en todos en el momento adecuado, pero siendo consciente, y, sobre todo, no dejar nunca de ser tú mismo independientemente del estado del yo en que te encuentres.

Pero, atención, porque uno de ellos puede dominar y excluir a los otros dos y eso no es lo correcto.

Hemos de aprender a manejarnos bien en todos, y ser íntegro cuando estés en cada uno de ellos. Estos estados no tienen nada que ver con la edad de cada uno. Es precioso ser Niño cuando uno ya está jubilado, y es digno de admiración el niño que sabe ser Adulto cuando es necesario.